Margarita Acevedo, reina de la danza clásica
- 6 ene
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Hablar de Margarita Acevedo es hablar de una vida entregada al ballet. Bailarina y maestra, ha vivido para el arte desde la niñez y lo ha transmitido con una pasión que se renueva cada vez que su Academia sube a escena. Sus presentaciones no son solo funciones: son espectáculos que se esperan, se celebran y se recuerdan.
La última vez que la vi en plena acción fue en diciembre de 2016, cuando tuve el honor de ser maestra de ceremonias en la presentación de su escuela en el Teatro Zulima. Aquella noche fue una cita ineludible con la belleza. La obra elegida, El Cascanueces, llegó con la música inmortal de Piotr Ilich Tchaikovsky y una adaptación coreográfica firmada por la propia Margarita.
El Cascanueces, cuento de Navidad basado en la versión de Alejandro Dumas del relato de E. T. A. Hoffmann, fue musicalizado por Tchaikovski en 1891. La historia gira en torno a Drosselmeyer, invitado a una fiesta navideña en la casa de Clara, su ahijada, y despliega un universo de fantasía que el ballet convierte en movimiento y emoción.
Desde hace más de 45 años, la Academia de Margarita Acevedo ha sido un pilar del ballet clásico, del arte y de la música en la ciudad de Cúcuta, en la frontera con Venezuela.
Su método de enseñanza, construido a partir de su formación desde los seis años, combina lo lúdico con el rigor técnico. Los ejercicios aumentan en intensidad según la edad y la capacidad de cada alumno, respetando los tiempos y explicando el cuerpo como instrumento artístico.
Margarita Acevedo es hija de dos figuras destacadas: doña Francisca Meza, artista, y don José Gregorio Acevedo, periodista. Nació en Cúcuta el 3 de octubre de 1948 y comenzó sus estudios de ballet a los seis años con la profesora cubana de talla internacional Josefina Hernández. Está casada con el escritor Guillermo Maldonado.
Hoy, aunque su mente ha sido tocada por el Alzheimer, esa enfermedad silenciosa que va borrando recuerdos, Margarita no pierde la sonrisa. A veces uno quisiera leer su pensamiento y creer que habita un mundo lleno de fantasía, como el de El Cascanueces. Un universo que la inspiró y que sigue vivo a través de su hija Catalina, otra grande de la familia, que continúa ese legado de arte y sensibilidad.
Por Mary Stapper
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