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La vicecónsul Rosa Somavilla, una española que pisa fuerte

  • 14 feb
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 17 feb

Hay mujeres que se convierten en ícono de los pueblos no por suerte, ni por cargo, ni por apellido, sino por una mezcla rara de carácter, estilo y presencia. Mujeres que no pasan desapercibidas, que no se acomodan, que no se callan y que, cuando creen en algo, lo defienden con la misma elegancia con la que otros se excusan. Una de ellas es Rosa Somavilla-Bueno, una española que se metió en el corazón de los cucuteños y sigue ahí, firme, activa, opinando, proponiendo, señalando lo que nadie quiere oír y ofreciendo soluciones culturales y ambientales, poniendo el dedo en la llaga, duélale a quien le duela.



Nació en Santander, España, y por amor a su marido, Pablo Mogollón, llegó a Cúcuta hace más de 40 años. De ese amor sin fronteras nacieron tres hijos: Pablo, Ruth y Daniel. Aunque no ha adquirido la nacionalidad colombiana, pocos la merecerían tanto como ella, por lo que ha hecho en favor de la cultura de Norte de Santander, sobre todo desde que se desempeña como Vicecónsul de España en Cúcuta.


Daniel falleció hace pocos años y ella optó por quedarse. No se fue. No huyó. No se despidió con nostalgia. Se quedó en Cúcuta, la tierra que ella conquistó, aunque, si uno mira bien, la conquistada fue ella.


Cuando conocí Santander, capital de Cantabria, con su océano azul, sus buques, sus playas y su malecón bordeando el mar, entendí mejor el carácter altivo de Rosa. Ella le hace honor a su tierra santanderina, donde las mujeres hablan con independencia, se visten con personalidad y caminan como Rosa: con gracia, salero y una seguridad que no se improvisa.


Rosa predica sobre la necesidad de abrir espacios culturales que formen parte de nuestra vida. Considera lo valioso que sería tener un cultor dirigiendo la cultura de Cúcuta y cree, con razón, que todavía se usa la cultura como trampolín para acceder a otro escalón político.

“Hablar, pronunciar y escribir correctamente eran características que adornaban a las personas con una cultura exquisita. Desafortunadamente, el ‘todo vale’ es lo que impera hoy. Lo fácil y rápido en todos los órdenes”, señala.


Recuerdo a Rosa Somavilla con su grupo de teatro “Talias”, que creó en el Colegio Santo Ángel de la Guarda de Cúcuta. Sus integrantes tenían claro que querían ser los mejores. Y lo lograron en la vida porque, aunque no siguieron en teatro, se convirtieron en grandes profesionales.

Y dice con vehemencia:


“No hay teatro en Cúcuta. Falta apoyo oficial y trayectoria teatral. El arte no puede estar solo en manos de administradores de cultura; debe estar dirigido por artistas, para que el pueblo tenga un concepto de cultura excelente”.


Esta mujer, que no ha perdido su acento, tiene algo que hoy escasea: una combinación peligrosa de cultura, determinación y libertad. Es una especie de Marlene Dietrich por su fuerza dramática; de Cleopatra por su encanto; y de esas mujeres que, sin levantar la voz, dejan claro que nadie las maneja.


Los temores de Rosa Somavilla


Alguna vez le pregunté sobre sus temores y se confesó cobarde porque, según ella, “tengo muchos miedos: al dolor, en cualquiera de sus manifestaciones. Los supero dándome ánimos y lucho a brazo partido con todas mis fuerzas. Cuando algo no se me concede, también tengo el antídoto a mano: a veces no conseguir algo es un gran golpe de suerte”.

Siempre que hablamos dice:


“Cada día soy más yo”.


Ese es su lema. Y lo cumple.


“Digo lo que pienso, incluso cuando cuento hasta diez. Me fastidia la coba. Los halagos desmedidos me dan náuseas”.


No se puede hablar de esta española sin hablar de su colección de sombreros. Los tiene de todos los estilos: de ala ancha, de ala corta, sobrios, llamativos. Y conociendo Santander, su tierra, entendemos de dónde viene ese sello que impuso en Colombia hace más de 40 años, especialmente en Cúcuta, capital de Norte de Santander, en frontera con Venezuela.


Ella es así, sencillamente.Pero sencillamente no significa suave. Significa auténtica. Y eso, hoy, vale oro.


Por Mary Stapper

Opiniones y Crónicas

6 comentarios


Invitado
16 feb

Así es doña Rosa. Por eso la queremos y respetamos.

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Invitado
16 feb

Es gratificante saber que hay mujeres con gran talento y empuje a las cuales se les reconoce por sus acciones.


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Invitado
15 feb

Que nota tan agradable. Doña Rosa Somavilla es una mujer valiosísima y una Cúcuta más que nos enorgullece.

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Guillermo E. Mantilla Nieto
15 feb

ROSA es AUTÉNTICA y GRAN DAMA

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Guillermo Eduardo Mantilla Nie
15 feb

ROSA es AUTÉNTICA y GRAN DAMA

Editado
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