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La defensa de Colombia por encima de la lucha de egos

  • 17 may
  • 2 min de lectura

A pocos días de las elecciones presidenciales en Colombia, la izquierda se frota las manos viendo cómo algunos candidatos de derecha parecen más interesados en destruirse entre sí que en enfrentar el verdadero peligro que atraviesa el país.


Mientras Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, dos figuras con propuestas y capacidad para aportar al rumbo de Colombia, entran en una dinámica de ataques personales, terminan debilitando justamente aquello que dicen defender: la democracia y la estabilidad institucional.

Porque no nos digamos mentiras: cuando quienes representan una alternativa se dedican a descalificarse mutuamente, el único beneficiado es el adversario político.


Entre tanto, los seguidores de Iván Cepeda observan el espectáculo con comodidad. La vieja estrategia de “divide y reinarás”, atribuida a Maquiavelo, vuelve a funcionar frente a una oposición incapaz de actuar con inteligencia política.


Lo que el país necesita no es una guerra de egos. Lo que Colombia espera es que cada candidato exponga su programa de gobierno, defienda sus ideas con argumentos sólidos y convenza a los ciudadanos de que todavía es posible reconstruir el país respetando las instituciones y devolviendo la seguridad.


Iván Cepeda, mientras tanto, actúa como si ya tuviera asegurada la victoria. Desde una posición de supuesto defensor de la justicia, continúa centrando su discurso en atacar todo lo relacionado con Álvaro Uribe Vélez, atribuyéndole toda clase de responsabilidades, mientras guarda silencio frente a las enormes fallas del gobierno de Gustavo Petro.


Y los resultados están a la vista.


Aunque desde el oficialismo insistan en hablar de un país más seguro, la realidad que viven millones de colombianos es otra. Colombia sigue incendiada. La llamada “paz total” no ha logrado desmovilizar estructuras criminales ni devolver tranquilidad a las regiones. Por el contrario, muchos grupos ilegales parecen hoy más fortalecidos y desafiantes.


En cuanto a Sergio Fajardo, su imagen de hombre moderado, educador y conciliador parece insuficiente para un electorado agotado por la inseguridad y la incertidumbre. Y Claudia López continúa atrapada en un estilo basado más en el grito y la confrontación que en la construcción de soluciones.


Según advirtió en su momento el fallecido exvicepresidente Germán Vargas Lleras, existe el temor de que, tras el cambio de gobierno en agosto de 2026, sectores radicales intenten generar caos institucional y convertir al país en un escenario permanente de confrontación política, tal como ocurrió durante gran parte del mandato de Iván Duque.


Colombia todavía está a tiempo de corregir el rumbo.


Pero para lograrlo, quienes defienden la democracia deberán entender una verdad simple: el país tiene que estar por encima de los egos.


Por Mary Stapper

OPINIONES Y CRÓNICAS

3 comentarios


Corina
18 may

Firmes por la patria !!!!!

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Invitado
18 may

Colombia no puede caer en manos de un gobierno comunista.

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Invitado
17 may

Eso lo tenemos claro. Por eso seguimos FIRMES POR LA PATRIA

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