top of page

Estafa digital: Una llamada, un clic y adiós a tu identidad

  • 1 feb
  • 4 Min. de lectura

¿Le ha pasado alguna vez que, de repente, sus amigos empiezan a llamarla para preguntarle cómo está, si le ocurrió algo grave, y de paso le sueltan la bomba: que alguien está pidiendo dinero a su nombre?


Eso me ocurrió esta semana. Llamadas desde distintos lugares del planeta y desde Cúcuta, la ciudad donde he vivido toda la vida. Querían saber por mi salud… y, curiosamente, por mi estado financiero.


Todo comenzó con una llamada que parecía completamente normal. Decían ser de Aguas Kpital, la empresa de servicios públicos. Por mi condición de líder social y periodista tengo contacto permanente con entidades públicas, participo en grupos de WhatsApp y no me pareció extraño que estuvieran “actualizando datos”. Ya antes había respondido llamadas similares por teleconferencias o actividades internas. Así que contesté algunas preguntas y seguí instrucciones.

La voz era educada, correcta, amable. Demasiado.


En un momento me pidieron activar la cámara para un supuesto reconocimiento facial. Me negué. Eso no lo hago ni con la policía. Afortunadamente soy mujer, algo vanidosa, y ahí no caí.


Luego dijeron que enviarían un código que nunca llegó. Me pidieron que mirara la pantalla, que hiciera clic en un icono con dos flechas, que confirmara si veía un cuadro verde. Lo vi. Después me dictaron números y letras. Obedecí, ingenuamente.


Volvieron a insistir con la cámara. Les dije que la llamada me parecía sospechosa, rarísima. Colgaron. En ese momento ya me habían robado los contactos en mis propias narices.


Lo confirmé cuando empezaron a llamarme amigos, empresarios, líderes sociales y periodistas para preguntarme qué me pasaba, si necesitaba algo. A todos les dije que no. Hasta que me contaron que alguien, haciéndose pasar por mí, estaba pidiendo dinero.


Ahí pedí ayuda a mis verdaderos superhéroes: mis hijos. Por fortuna, lograron rescatar la información y frenar la estafa a tiempo. Pero la osadía de los delincuentes impresiona.


A una amiga que vive en España le escribieron:“Oye, qué pena contigo, estoy necesitando hacer una consignación por Nequi. ¿Tienes cómo ayudarme? Te giro de vuelta apenas mi hijo me conteste”.


Ella dudó. Dijo que vería si llegaba con lo que tenía, que no era mucho. Preguntó cuánto era.

La respuesta fue: 250.000.


A mi amiga casi le da un desmayo.“¿O sea… 250.000 euros?”, respondió entre risas nerviosas. “Porque esa cantidad no la tengo ni la tendré en mi vida”.


La confusión era lógica. Ella vive en España. Pero no. Eran 250.000 pesos colombianos, una cifra que, repetida a muchas personas, puede convertirse en un botín considerable para los delincuentes.


“¿Serán 25 euros?”, preguntó.Le respondieron que lo hiciera por Nequi y le dieron un número de teléfono.


“¿Y qué es Nequi?”, preguntó ella.“Es una cuenta colombiana”, le respondieron.“Ah, ni idea. Tendrían que pasarme el código SWIFT/BIC para transferencias internacionales”, contestó.

Silencio absoluto. Nunca más respondieron. Se sintieron descubiertos.


Y así como a mi amiga, muchas personas fueron abordadas. ¿Se imaginan si alguien hubiera caído en la trampa?


La ciberdelincuencia está en todas partes.


Para que nos suplanten, los delincuentes necesitan información sensible: número de cédula o DNI, teléfono, datos básicos. Con eso van a un operador y solicitan un nuevo chip. Y ahí aparece otro problema grave: las operadoras de telefonía, que deberían validar rigurosamente, dejan pasar lo importante.


El panorama es alarmante. Cuando nos clonan, el delincuente podría incluso acudir a una entidad bancaria y vaciar nuestras cuentas. O abrir cuentas, pedir préstamos, estafar a otros a nuestro nombre. Los expertos lo advierten y los casos se repiten.


Esto demuestra que nuestros datos no están suficientemente protegidos. La venta de bases de datos es frecuente. ¿Cómo se explica, si no, que una persona aparezca en grupos que nunca autorizó?


Confieso que estoy asustada por la astucia de estos delincuentes que, desde cualquier lugar —incluso desde cárceles— intentan robar el fruto del trabajo de quienes se ganan el dinero con esfuerzo.

También estoy agradecida con los amigos que alertaron a tiempo y ayudaron a frenar la estafa. Espero sinceramente que nadie haya caído.


¿Le ha pasado alguna vez que lo llaman diciendo que están renovando datos o grupos de alguna empresa y, como tienen información precisa, usted les cree?


A mí me pasó. Supuestamente de Aguas Kpital. Terminaron suplantándome, llamando y escribiendo a mis contactos para pedir dinero a mi nombre, para consignarlo en una cuenta de Nequi.


Y yo nunca he tenido cuenta en Nequi.


Por fortuna, la gente que me conoce sabe que yo no pido ayuda. Ni siquiera cuando me esté muriendo. Y mucho menos le pediría a alguien que me consigne dinero en una determinada cuenta.


El precio de un clic


Estas estafas no buscan grandes fortunas. Buscan descuidos. Sumas “pequeñas”, pedidos urgentes, mensajes que apelan a la confianza y al apuro. Doscientos cincuenta mil pesos aquí, otros tantos allá, repetidos una y otra vez, terminan siendo un negocio redondo para el delincuente.


Desconfíe siempre. No haga clic, no comparta códigos, no active cámaras, no siga instrucciones por teléfono aunque la voz sea amable y tenga datos precisos. Hoy no roban con pistolas. Roban con información.


Y recuerde algo básico: ninguna empresa seria, ningún banco y ninguna persona decente le va a pedir dinero, códigos o accesos por una llamada improvisada. Cuando eso ocurre, no es ayuda. Es estafa.


Por Mary Stapper

Opiniones y Crónicas

3 comentarios


Invitado
16 feb

Los delincuentes NO tienen escrúpulos y son muy hábiles para suplantar empresas serias que jamás pedirían datos personales a través de llamadas, razón por la cual siempre desconfié y como se realiza en esta descripción tan precisa, NO caiga en ESTAFAS!!!

Me gusta

Invitado
01 feb

Que buen articulo! Evidencia un fenómeno delictivo cada vez mas frecuente y del que no se escapa sino aquel que no está vinculado a una red social.

Esos desocupados no tienen mas oficio que tratar de embaucar a las personas que estando en nuestras redes sociales no esperan ser atracadas virtualmente. La comunicación inmediata de una alerta es importante para detener o prevenir ese tipo de delitos.

Espero que esto no le vuelva a suceder.

Me gusta

Patricia Castañeda
Patricia Castañeda
01 feb

Lo más inaudito es que a pesar de todas estas advertencias aún hay personas ingenuas que siguen cayendo y del otro lado.... Personas que no preguntan sino que en automático entregan lo que están no pidiendo pensando en que están ayudando a su amig@.

Me gusta

© 2035 Opiniones & Cronicas

bottom of page